Bella noche, para mirar las estrellas. No tan fría, con unas pocas nubes. Como en todos los inviernos, la constelación que domina el firmamento es el gigantesco Escorpión. Junto con su archienemigo, Orión, se reparten el protagonismo noche a noche, estación a estación. Según cuenta Eratóstenes: "Ártemis, dicen, hizo que el escorpión surgiera de un montículo de la isla de Quíos y que picara a Orión, que murió así, puesto que había intentado forzarla indecorosamente. Zeus lo situó entre las constelaciones brillantes, para que en lo sucesivo los hombres contemplaran su fuerza y poder". Lo que contemplamos durante el año, en el cielo, es la persecución del Escorpión a Orión... ¿o la persecución de Orión al Escorpión? Porque la historia, circular, no se detuvo con la muerte del gigante abusivo... parece que, a instancias de su padre, Poseidón, Asclepío (también llamado Ofiuco o Esculapio, aquel al que Sócrates invoca segundos antes de morir) lo resucitó... Y es de esperar que haya salido inmediatamente a cobrar venganza contra la bestia que había pretendido condenarlo al Hades.
Este año, la escena presenta un agregado: Saturno, con sus maravillosos anillos (que pueden verse con un telescopio chiquito, casi con uno de juguete) está allí, apenas delante de él. Como si el Escorpión estuviera intentando acercarse a Crono (Saturno para los romanos), abuelo de Orión. En efecto, Crono, hijo del Cielo (Urano) fue padre de Poseidón, padre de Orión. Recordemos también que el Escorpión fue puesto por Zeus en el Cielo...y que Zeus fue quien destronó a Crono. De modo que no parece que Crono Saturno esté muy feliz de encontrarse en las cercanías del Escorpión... ¿Estará persiguiendo el Escorpión a Crono, o será al revés? Quizá el viejo Titán ha decidido volver a imperar en el Cielo (recordemos, de paso, que también Crono había enfrentado -y castrado- a su propio padre, Urano, el Cielo) y ha decidido comenzar por enfrentarse a los aliados de Zeus... Será cuestión de elevar la vista durante estas noches, para ver qué sucede...
Una botella virtual lanzada -sin esperanzas, pero sin desesperación- al océano estelar...
jueves, 9 de julio de 2015
martes, 7 de julio de 2015
SOLO MODAS (?)
Anoche, a propósito de Sartre, hablábamos de modas filosóficas. Estrellas efímeras del pensamiento que se esfuman al cambiar el espíritu de una época... Hace una semana en los medios se hablaba de Venus y Júpiter. La noticia era que se los iba a ver muy juntitos. ¿Y? ¿Ya está? Anoche, a pesar de estar nublado, la potencia de ambos planetas se hacía sentir. Eran los dueños absolutos del firmamento. Hoy, que está despejado, no dejan de lucirse. La foto de abajo está tomada con una camarita muuuuy chiquita... sin embargo, allá arriba, por encima de las luces de la calle...se los ve ufanos, indiferentes a las modas humanas. Qiuién sabe... quizá con los grandes filósofos suceda algo semejante...
domingo, 5 de julio de 2015
Las estrellas nos hablan de otros tiempos, de otras dimensiones. Todo en el cielo se mueve. Todo cambia, noche a noche. Pero con lentitud, con parsimonia, sin urgencias. Mirar al cielo, dejarse embriagar por él, puede ayudar a dimensionar la vida humana. Nuestros temores, nuestras broncas, nuestra indignación se ve de pronto pequeña, nimia, al contemplar las patas del Centauro, lo único visible en esta noche porteña de nubes, frío y estupor. Es una tentación, fugar al cielo. Lo saben la mayor parte de las teologías. Mirar pasar las nubes, entrever, cada tanto, a su paso, algún destello, saber que el infinito nos rodea, tranquiliza, seda. Quizá no venga mal nutrirse un poco de esa belleza. Poner la humanidad en perspectiva. Pero no para fugarse a otros mundos. Sino para volver, en cuanto salga el sol a caminar sobre la tierra.
sábado, 4 de julio de 2015
El espacio, el tiempo, y la Cruz del Sur
Noche fría, con algo de nubes, en Buenos Aires. Pechos fríos
en el cono sur de éste y del otro lado de la cordillera. Me asomo al balcón.
Entre las nubes, más cerca que otras veces, se luce, imponente, la Cruz del
Sur. Y, junto a ella, alfa y beta Centauro. Es muy fácil identificarlas. Son
dos estrellas muy brillantes, que apuntan hacia la Cruz desde su izquierda, en
este momento. Me acuerdo de un dato: alfa centauro es la estrella más cercana a
la Tierra, después del Sol. El Sol está a ocho minutos luz; Alfa Centauro (Rigil Kent) a
cuatro años y pico. Es decir que la luz que estoy viendo en ella, salió de la
estrella hace algo más de cuatro años. Se me ocurre buscar la referencia de las
estrellas de la Cruz del Sur. Encuentro que alfa Crux, la más brillante, la de
abajo, está a unos 350 años luz; beta Crux , la del brazo de la izquierda
(Mimosa), está a unos 420 años luz; Gamma Crux, la de arriba, apenas a
unos 88 años luz; mientras que la del brazo derecho, delta Crux está a unos 250
años luz. Pasemos en limpio... Cuando miro este sector del cielo, veo la luz de
alfa Centauro, que salió en el 2011; la de Beta Centauro y la de alfa Crux, que
salieron en 1665, la de Mimosa, que salió en 1595; la de gamma Crux que salió
en 1927 y la de delta Crux que salió en 1765...
Es curioso, de día todo lo que vemos es espacio. Cosas cerca
o lejos, pero en el espacio. De noche, cuando miramos hacia el cielo, lo que
vemos es tiempo. Luces viajeras, que a una velocidad extraordinaria surcan
distancias inmensas para llegar hasta nosotros. Luces salidas en tiempos de
Spinoza, Kant, o nuestros abuelos. Rayos de luz que partieron en tiempos en que
no existíamos o en que éramos otros (¿cuán diferentes somos desde que la luz de
la más cercana, alfa Centauro, saliera en 2011?). Embriaguez cósmica que se
apodera de la mirada y del pensamiento con sólo observar seis estrellitas desde
un balcón que apunta al sur oeste...
viernes, 3 de julio de 2015
Leo
Noche de nubes y frío. Imposible mirar las estrellas. Busco
al león, entonces, no en el cielo, sino en los libros (ahora que lo pienso,
hubo quien imaginó el cielo como una biblioteca infinita, ¿no?). Repaso el
enfrentamiento con Heracles (Hércules, para los romanos).
El texto de Apolodoro es breve. Parece que este feroz león
asolaba Nemea. Hacia allí partió entonces Heracles. Dice el texto: “Una vez en
Nemea, y habiendo acorralado al león, primero le disparó sus flechas, pero al
darse cuenta de que era invulnerable, lo persiguió con la maza enarbolada;
cuando el león se hubo refugiado en una cueva de dos bocas, obstruyó una, entró
por la otra en pos del animal, y rodeándole el cuello con el brazo lo mantuvo
apretado hasta que lo estranguló”. Parece que Zeus quiso se recordara esta
historia y por eso colocó al león en el cielo (es decir, lo “catasterizó”,
palabra linda para el scrabell, si las hay...).
Puedo imaginarme a un grupo de griegos en plena noche
contemplando a Leo, repitiendo esta historia. Me pregunto por qué. Por qué le
gustó a Zeus; por qué les gustó a los hombres pensar que a Zeus le había
gustado.
Se me ocurren algunas cosas. Por ejemplo, que hay problemas,
situaciones, adversarios, enemigos, contratiempos a los que no se puede
enfrentar armados, porque son invulnerables. Quizá se trate entonces de acorralarlos...y
de asfixiarlos... ¿Qué implica asfixiarlos? Negarles aquello que les resulta
vital para existir. Pienso en trivialidades, problemas de cabotaje que
necesitan alimentarse con nuestra atención para tener entidad. Quizá lo mejor
no sea enfrentarlos a los mazazos, sino bloquearlos, cerrarlos, negarles el
alimento...hasta que se anulen a sí mismos. ¿Cuántos miedos se consumirían si
les negáramos los insumos que los hacen agigantarse? ¿Cuántas angustias se
debilitarían hasta morir si dejáramos de alentarlas con nuestro propio oxígeno?.
No sé si esto quería Zeus que recordáramos al ver al león.
Pero tal vez es algo que necesitaba decirme a mí mismo, pensando –ya que hoy no
puedo verlas- en las estrellas.
Venus, Júpiter...y el león
Venus y Júpiter continúan deleitándonos con su danza. Hoy nos juntamos con un grupito de amigos a contemplarlos, a las seis de la tarde, en una fría plaza de Barracas. Parecíamos niños mirando, con la boca abierta, el cielo. Y allí estaban, los dueños absolutos del cielo, solos, exhibiendo su majestuosidad...
Con la llegada de la oscuridad, el cielo se puebla de estrellas. La primera que aparece, arriba a la derecha de Venus, es Regulus, el corazón de Leo. Quizá una de las constelaciones más bonitas, el león de cuello en forma de signo de pregunta y colita triangular.
Se dice que este león es aquel que enfrentara Hércules, en uno de sus trabajos. Pero a mí me trae hoy el recuerdo de otro león, el león de Zaratustra, aquel que ríe mientras las palomas juegan en su melena y se deslizan por su nariz. Un león capaz de rugir y de espantar a aquellos hombres que se consideran superiores pero no hacen nada para superarse a sí mismos; aquellos capaces de hacer de un asno un dios, pero incapaces de construir ellos mismos el sentido de la tierra.
Miro al león del cielo, y me acuerdo del león capaz de decir "yo quiero", frente al deber; el león capaz de de decir "¡NO!" al "Tú debes" que pretende domesticarlo; el león capaz de "crearse libertad para un nuevo crear". No es el león feroz que sucumbe ante la fuerza de Heracles. Es un león tierno y dulce; amoroso, pero firme, tenaz, valiente, temible.
Hay un león en el cielo. Venus y Júpiter se mueven delante de su hocico, como las palomas de Zaratustra. El león ríe, mientras crea libertad para un nuevo crear...
Con la llegada de la oscuridad, el cielo se puebla de estrellas. La primera que aparece, arriba a la derecha de Venus, es Regulus, el corazón de Leo. Quizá una de las constelaciones más bonitas, el león de cuello en forma de signo de pregunta y colita triangular.
Se dice que este león es aquel que enfrentara Hércules, en uno de sus trabajos. Pero a mí me trae hoy el recuerdo de otro león, el león de Zaratustra, aquel que ríe mientras las palomas juegan en su melena y se deslizan por su nariz. Un león capaz de rugir y de espantar a aquellos hombres que se consideran superiores pero no hacen nada para superarse a sí mismos; aquellos capaces de hacer de un asno un dios, pero incapaces de construir ellos mismos el sentido de la tierra.
Miro al león del cielo, y me acuerdo del león capaz de decir "yo quiero", frente al deber; el león capaz de de decir "¡NO!" al "Tú debes" que pretende domesticarlo; el león capaz de "crearse libertad para un nuevo crear". No es el león feroz que sucumbe ante la fuerza de Heracles. Es un león tierno y dulce; amoroso, pero firme, tenaz, valiente, temible.
Hay un león en el cielo. Venus y Júpiter se mueven delante de su hocico, como las palomas de Zaratustra. El león ríe, mientras crea libertad para un nuevo crear...
miércoles, 1 de julio de 2015
Venus, Júpiter, alegres vagabundos cósmicos...
Con un grupo de amigos con los cuales nos juntamos a filosofar cada lunes por la noche veníamos siguiendo el derrotero de Venus / Afrodita que, semana a semana, parecía dirigirla hacia su encuentro con Júpiter / Zeus. Afrodita, presurosa, volando hacia la morada de su padre. Como aquella vez en que Diomedes la hirió en el campo de batalla e hizo que partiera llorando a refugiarse en el regazo de Zeus.
Anoche se produjo, finalmente, el encuentro y hoy todavía permanecieron los planetas en cercanía, como si quisieran demorar el momento de la despedida.
Algo que nos perdimos, desde este lugar de la Tierra, fue el merodeo de Venus en torno a Júpiter, que se produjo en el transcurso de nuestra noche, pero debajo de la línea del horizonte.
Sabemos que la palabra "planeta" deriva del griego y que, para ellos, designaba a los "vagabundos". Porque precisamente ésto eran los planetas: luces vagabundas que no se atenían a la marcha armoniosa, cósmica, de las estrellas, sino que variaban su posición en relación con ellas. Precisamente el movimiento que los astros tuvieron a lo largo de la noche de ayer hubiera fascinado a los griegos porque en un momento dado Venus se adelantó a Júpiter, luego se frenó, fue hacia atrás... y hoy apareció como si, simplemente, hubiera seguido un camino rectilíneo ascendente...
Nos queda por ver, en los próximos días, cuál va a ser el camino que va a tomar la siempre presurosa Venus/ Afrodita. Con qué otro dios irá a encontrarse; con qué otro ser vivirá alguna aventura amorosa. E, incluso, quién sabe, si decidirá intervenir en nuestros amores terrestres, tan necesitados de favores divinos para poder llegar a buen puerto o, al menos, para atravesar islas de alegría y placer...
Anoche se produjo, finalmente, el encuentro y hoy todavía permanecieron los planetas en cercanía, como si quisieran demorar el momento de la despedida.
Algo que nos perdimos, desde este lugar de la Tierra, fue el merodeo de Venus en torno a Júpiter, que se produjo en el transcurso de nuestra noche, pero debajo de la línea del horizonte.
Sabemos que la palabra "planeta" deriva del griego y que, para ellos, designaba a los "vagabundos". Porque precisamente ésto eran los planetas: luces vagabundas que no se atenían a la marcha armoniosa, cósmica, de las estrellas, sino que variaban su posición en relación con ellas. Precisamente el movimiento que los astros tuvieron a lo largo de la noche de ayer hubiera fascinado a los griegos porque en un momento dado Venus se adelantó a Júpiter, luego se frenó, fue hacia atrás... y hoy apareció como si, simplemente, hubiera seguido un camino rectilíneo ascendente...
Nos queda por ver, en los próximos días, cuál va a ser el camino que va a tomar la siempre presurosa Venus/ Afrodita. Con qué otro dios irá a encontrarse; con qué otro ser vivirá alguna aventura amorosa. E, incluso, quién sabe, si decidirá intervenir en nuestros amores terrestres, tan necesitados de favores divinos para poder llegar a buen puerto o, al menos, para atravesar islas de alegría y placer...
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